Preocuparse por el pasado y futuro es algo común en nuestro día a día.

¿Por qué no puedo dejar de preocuparme?

  • 21 Noviembre, 2017
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Preocuparse por el pasado y futuro es algo común en nuestro día a día. Sin embargo, para algunas personas liberarse de las preocupaciones puede ser una tarea ardua, ya que en ocasiones se presentan de manera recurrente, intrusiva y son difíciles de controlar.

Determinadas situaciones o recuerdos negativos desencadenan en la persona pensamientos de tipo ¿y si…? (situación: mi jefe me ha citado en la oficina el jueves, aún sabiendo que será para felicitarme por mi último trabajo, no puedo dejar de preocuparme y pensar: ¿y si me despide?) y estos a su vez darán lugar a las preocupaciones. Las preocupaciones intentan buscar una solución a una amenaza futura que tiene pocas probabilidades de ocurrir, por lo que al no encontrar una solución al problema se vuelven cada vez más frecuentes e incontrolables. Esto provoca un aumento de la ansiedad en la persona que tiene que buscar estrategias para disminuirla. Es entonces cuando aparecen conductas dirigidas a disminuir la ansiedad. Estas son las llamadas conductas de evitación o acercamiento que, a pesar de mantener las preocupaciones a largo plazo, generan cierto alivio en la persona en el momento que la realizan (“evitar lugares que me dan miedo, evitar ir al médico, evitar encontrarme a mi jefe por el pasillo”…). Estas conductas de preocupación son las responsables de mantener las preocupaciones y las interpretaciones de amenaza por eso es fundamental afrontar las situaciones temidas para hacerle frente a las preocupaciones.

¿Qué podemos hacer para controlar las preocupaciones?

  1. No evitar situaciones ni lugares que nos causen ansiedad. La evitación hace más fuerte nuestro miedo y nuestra preocupación.
  2. No hablar constantemente sobre lo que nos preocupa esperando recibir tranquilización por parte de otros. Esto nos aliviará a corto plazo pero mantendrá nuestras preocupaciones a lo largo del tiempo.
  3. No analizar la preocupación cuando se refiere a amenazas pasadas o futuras. En estas ocasiones nos preocupamos por probabilidades, no por hechos, aunque cuando estamos preocupados creemos que lo que tememos es un hecho y no una probabilidad.
  4. Aceptar que lo que tememos pueda ocurrir. Para aprender a controlar las preocupaciones es importante aumentar nuestra tolerancia a la incertidumbre y aceptar la probabilidad de que ocurran acontecimientos negativos e inciertos.
  5. Establece un tiempo y un lugar para preocuparte.
  6. Busca distracciones.

                               

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